Cuando decides eliminar ciertos alimentos de tu
dieta, si eres una persona responsable ciertamente tienes el deber de
informarte para suplir los nutrientes que tales alimentos aportan. En mi caso,
como producto de mi decisión de dejar los productos de origen animal y optar
por alimentos mucho más sanos, he bajado unos cuantos kilos (que ciertamente no
me faltaban), ya que ahora consumo mucho menos grasas, calorías y colesterol. Varias
mujeres a mi alrededor me preguntan por 'mi secreto', o qué estado haciendo
para adelgazar y mantenerme sin tener un efecto rebote en estos 6 meses.
Después de revelar "mi secreto", se plantean el veganismo como una
posibilidad para adelgazar sin ninguna otra convicción que las motive a
hacerlo.
Esa actitud, de hacerlo todo por la imagen, es la que me
choca un poco y las prácticas desesperadas e invasivas de la gente por verse
bien, sin importar el daño que le puedan estar haciendo a su cuerpo. No soy
psicóloga ni tampoco he leído estudios al respecto, pero me parece que el nivel
de desconexión que tenemos con nosotros mismos es de un nivel escandaloso.
Lamentablemente, por muchos años estuve en la misma onda.
Yo no soy una modelo, y nunca lo he sido. Es más, incluso
cuando era flaquísima en mis tiempos de enseñanza media, me veía a mí misma muy
gorda y quería bajar y bajar de peso a toda costa; la competencia implícita por
quién es más flaca o quién baja más de peso en el grupo de amigas o en el curso
es heavy. Cuando entré a la universidad, y dado el ritmo y estilo de vida del
estudiante trabajador y luego por comodidad, comencé paulatinamente a subir de
peso, al punto en que subí más de 20 kilos en un periodo de 7 u 8
años aproximadamente. En ese tiempo, y hasta antes de comenzar a averiguar
sobre alimentación saludable, era un tema que me acomplejaba enormemente. Me
saltaba una o más comidas al día, un par de veces hice una dieta en la que me
moría de hambre, tomé cuanto té se me cruzó, probé agregando semillas a mis
comidas (como las "milagrosas" linaza, chia, etc.), estaba atenta al
tip de belleza del matinal, y muchas otras cosas que ahora miro hacia atrás y
pienso en lo pastel que fui. Con mi metro sesenta de estatura, quería parecerme
a las "niñas lindas" que andan en la calle o que invaden nuestro
espacio con la publicidad de la mayoría de los productos; no me gustaba mi
pelo, no me gustaba mi piel, no me gustaban mis piernas, no me gustaban mis
brazos ni mi abdomen. En definitiva, no me gustaba nada de mi cuerpo porque
siempre había estado rodeada de referentes exitosos - a través de la publicidad
- que no lucían como yo. Cuando vas a comprar ropa, todo está hecho para
mujeres con extremidades largas y torso delgado, pero cuando vas a comer, todo
rebosa en grasa, calorías y colesterol, y más encima la sociedad implícitamente
te exige que estés delgada, con la piel tersa y con toda la confianza de la
vida. Es tanta la presión con la que se encuentra una mente en formación de
verse "perfecta" que crecemos con la convicción de que debemos encajar
en el estereotipo y de que tiene que ser así, porque si no, nadie se va a fijar
en nosotros. Rara vez nos cuestionamos si realmente está bien maltratar tanto
al cuerpo solo con fines estéticos. Muy pocas veces nos cuestionamos si
realmente es sano física y mentalmente tratar de encajar en el perfil de la topmodel
para reafirmar nuestra autoestima en base a lo que una sociedad machista ha
impuesto y considera bello (y que nosotras permitimos, claramente).
¿Es sano que mi amor propio dependa de la percepción que
otro tenga sobre mi cuerpo? ¿Nos damos cuenta de que estamos criando niños que
van a crecer con tremendos vacíos emocionales simplemente porque su apariencia
no encaja en el estereotipo?
He tenido la experiencia de estar cerca de una mujer adulta
que se sometió a una abdominoplastía y liopsucción porque su guata había sido
el complejo de toda su vida. Yo no soy quién para decidir en qué debiese gastar
su plata la gente, pero me llama enormemente la atención que personas de clase
media-baja ahorren con tanto esmero y se endeuden para hacerse este tipo de intervenciones.
Por lo bajo creo que estas operaciones cuestan 3 millones de pesos, que es más
o menos el ingreso líquido anual que reciben los trabajadores sin estudios
superiores. Aparte del gasto económico que significa, también hay que
considerar la tortuosa recuperación de estas operaciones; la gente está
dispuesta a sufrir dolores terribles meramente por estética.
Un caso mucho más obvio y que todos celebran, es cuando la
mina de la tele se pone implantes de pechugas. Sale en todas las portadas, las
llaman para animar más fiestas y el mundo las admira por tener un cuerpo cada
vez más artificial.
Otro ejemplo son las personas que se compran estos
suplementos alimenticios y se pasan el día comiendo talco (como los Herbalife).
Claro, al parecer estos suplementos son nutritivos y saludables hasta cierto
punto, pero yo me pregunto ¿no será más sano comer comida normal y natural?
¿Cuál es el afán de gastar tanta plata, soportar tantos dolores simplemente
para encajar en un estereotipo, para sentir la aprobación de la sociedad en
términos estéticos? ¿Si realmente quiero verme bien, por qué mejor no optar por
legumbres (que tienen proteínas sin grasa ni colesterol malo) en vez de la hamburguesa
frita con queso y papas fritas? La desconexión con las necesidades reales de
nuestro cuerpo es tal, que simplemente no lo escuchamos. Es más importante
"verse lindo". Otra "tradición" que personalmente encuentro
macabra, es perforarle las orejas a niñas a solo unos días de haber
nacido ¿Ud. le haría un tatuaje a su hijo de 3 días? ¿Qué diferencia un tatuaje
de una perforación a esa edad? Si ella quiere ponerse aritos cuando grande, que
tenga la opción de decidirlo, ¿por qué nos sentimos con el derecho de imponer
ese elemento estético?
Creo que no es un tema menor, porque estamos transmitiendo
ese mensaje a las generaciones futuras: hay que irradiar perfección por todas
partes, sin importar cómo realmente te sientas... la imagen lo es todo. Al caer
en estas conductas las validamos y sin quererlo estamos imponiendo esa visión
de belleza en las mentes más jóvenes y en formación. No estoy en contra de lo
visualmente estético, pero sí creo que debemos ser más cuidadosos en la
importancia que le damos y hasta qué punto validamos los estereotipos.
Para ser bella no hay que ver estrellas, solamente hay que
cambiar el chip y aprender que la belleza es algo tan abstracto y personal que
no debiésemos permitir que nadie nos
imponga considerar lindas solo ciertas características o atribuciones.
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