27 may 2013

Para ser bella ¿hay que ver estrellas?

Cuando decides eliminar ciertos alimentos de tu dieta, si eres una persona responsable ciertamente tienes el deber de informarte para suplir los nutrientes que tales alimentos aportan. En mi caso, como producto de mi decisión de dejar los productos de origen animal y optar por alimentos mucho más sanos, he bajado unos cuantos kilos (que ciertamente no me faltaban), ya que ahora consumo mucho menos grasas, calorías y colesterol. Varias mujeres a mi alrededor me preguntan por 'mi secreto', o qué estado haciendo para adelgazar y mantenerme sin tener un efecto rebote en estos 6 meses. Después de revelar "mi secreto", se plantean el veganismo como una posibilidad para adelgazar sin ninguna otra convicción que las motive a hacerlo.

Esa actitud, de hacerlo todo por la imagen, es la que me choca un poco y las prácticas desesperadas e invasivas de la gente por verse bien, sin importar el daño que le puedan estar haciendo a su cuerpo. No soy psicóloga ni tampoco he leído estudios al respecto, pero me parece que el nivel de desconexión que tenemos con nosotros mismos es de un nivel escandaloso. Lamentablemente, por muchos años estuve en la misma onda.

Yo no soy una modelo, y nunca lo he sido. Es más, incluso cuando era flaquísima en mis tiempos de enseñanza media, me veía a mí misma muy gorda y quería bajar y bajar de peso a toda costa; la competencia implícita por quién es más flaca o quién baja más de peso en el grupo de amigas o en el curso es heavy. Cuando entré a la universidad, y dado el ritmo y estilo de vida del estudiante trabajador y luego por comodidad, comencé paulatinamente a subir de peso, al punto en que subí más de 20 kilos en un periodo de 7 u 8 años aproximadamente. En ese tiempo, y hasta antes de comenzar a averiguar sobre alimentación saludable, era un tema que me acomplejaba enormemente. Me saltaba una o más comidas al día, un par de veces hice una dieta en la que me moría de hambre, tomé cuanto té se me cruzó, probé agregando semillas a mis comidas (como las "milagrosas" linaza, chia, etc.), estaba atenta al tip de belleza del matinal, y muchas otras cosas que ahora miro hacia atrás y pienso en lo pastel que fui. Con mi metro sesenta de estatura, quería parecerme a las "niñas lindas" que andan en la calle o que invaden nuestro espacio con la publicidad de la mayoría de los productos; no me gustaba mi pelo, no me gustaba mi piel, no me gustaban mis piernas, no me gustaban mis brazos ni mi abdomen. En definitiva, no me gustaba nada de mi cuerpo porque siempre había estado rodeada de referentes exitosos - a través de la publicidad - que no lucían como yo. Cuando vas a comprar ropa, todo está hecho para mujeres con extremidades largas y torso delgado, pero cuando vas a comer, todo rebosa en grasa, calorías y colesterol, y más encima la sociedad implícitamente te exige que estés delgada, con la piel tersa y con toda la confianza de la vida. Es tanta la presión con la que se encuentra una mente en formación de verse "perfecta" que crecemos con la convicción de que debemos encajar en el estereotipo y de que tiene que ser así, porque si no, nadie se va a fijar en nosotros. Rara vez nos cuestionamos si realmente está bien maltratar tanto al cuerpo solo con fines estéticos. Muy pocas veces nos cuestionamos si realmente es sano física y mentalmente tratar de encajar en el perfil de la topmodel para reafirmar nuestra autoestima en base a lo que una sociedad machista ha impuesto y considera bello (y que nosotras permitimos, claramente).

¿Es sano que mi amor propio dependa de la percepción que otro tenga sobre mi cuerpo? ¿Nos damos cuenta de que estamos criando niños que van a crecer con tremendos vacíos emocionales simplemente porque su apariencia no encaja en el estereotipo? 

He tenido la experiencia de estar cerca de una mujer adulta que se sometió a una abdominoplastía y liopsucción porque su guata había sido el complejo de toda su vida. Yo no soy quién para decidir en qué debiese gastar su plata la gente, pero me llama enormemente la atención que personas de clase media-baja ahorren con tanto esmero y se endeuden para hacerse este tipo de intervenciones. Por lo bajo creo que estas operaciones cuestan 3 millones de pesos, que es más o menos el ingreso líquido anual que reciben los trabajadores sin estudios superiores. Aparte del gasto económico que significa, también hay que considerar la tortuosa recuperación de estas operaciones; la gente está dispuesta a sufrir dolores terribles meramente por estética.
Un caso mucho más obvio y que todos celebran, es cuando la mina de la tele se pone implantes de pechugas. Sale en todas las portadas, las llaman para animar más fiestas y el mundo las admira por tener un cuerpo cada vez más artificial.
Otro ejemplo son las personas que se compran estos suplementos alimenticios y se pasan el día comiendo talco (como los Herbalife). Claro, al parecer estos suplementos son nutritivos y saludables hasta cierto punto, pero yo me pregunto ¿no será más sano comer comida normal y natural? ¿Cuál es el afán de gastar tanta plata, soportar tantos dolores simplemente para encajar en un estereotipo, para sentir la aprobación de la sociedad en términos estéticos? ¿Si realmente quiero verme bien, por qué mejor no optar por legumbres (que tienen proteínas sin grasa ni colesterol malo) en vez de la hamburguesa frita con queso y papas fritas? La desconexión con las necesidades reales de nuestro cuerpo es tal, que simplemente no lo escuchamos. Es más importante "verse lindo". Otra "tradición" que personalmente encuentro macabra, es perforarle las orejas a niñas a solo unos días de  haber nacido ¿Ud. le haría un tatuaje a su hijo de 3 días? ¿Qué diferencia un tatuaje de una perforación a esa edad? Si ella quiere ponerse aritos cuando grande, que tenga la opción de decidirlo, ¿por qué nos sentimos con el derecho de imponer ese elemento estético?

Creo que no es un tema menor, porque estamos transmitiendo ese mensaje a las generaciones futuras: hay que irradiar perfección por todas partes, sin importar cómo realmente te sientas... la imagen lo es todo. Al caer en estas conductas las validamos y sin quererlo estamos imponiendo esa visión de belleza en las mentes más jóvenes y en formación. No estoy en contra de lo visualmente estético, pero sí creo que debemos ser más cuidadosos en la importancia que le damos y hasta qué punto validamos los estereotipos. 

Para ser bella no hay que ver estrellas, solamente hay que cambiar el chip y aprender que la belleza es algo tan abstracto y personal que no debiésemos permitir que nadie nos  imponga considerar lindas solo ciertas características o atribuciones.

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