"'Y sin embargo, se mueve'. Estas palabras las diría como si fuera un susurro casi inaudible Galileo Galilei al terminar la lectura de la abjuración a que fue forzado por los inquisidores generales de la Iglesia Católica el 22 de Junio de 1633. Se trataba, como se sabe, de obligarlo a desmentir, condenar y repudiar públicamente lo que había sido y seguía siendo su profunda convicción, es decir, la verdad científica del sistema copernicano, según el cual es la Tierra la que gira alrededor del Sol y no el Sol alrededor de la Tierra."
Este texto lo saqué de El País Internacional en caso de que no conocieran el contexto de tan célebre frase.
Cuando escuché por primera vez la historia de Galileo, me horroricé y pensé "pero ¡cómo eran tan cerrados si es obvio que la Tierra es la que gira al rededor del Sol! ¡cómo una creencia puede ser más fuerte que a realidad comprobable!" Ahora que observo más detenidamente, me doy cuenta que esto sucede todos los días y en muchas más circunstancias de las que nos damos cuenta.
Donde sucede más a menudo es con los temas que entran en conflicto con creencias religiosas. A menudo, por más que agnósticos o ateos den argumentos lógicos y comprobables sobre ciertas situaciones, la persona que tiene arraigada cierta creencia termina sin argumentos diciendo en el mejor de los casos "entiendo lo que dices, pero nada de lo que digas va a hacerme cambiar de opinión". Algo similar sucede en:
- Política: cuando se defiende a muerte a un candidato particular, sin escuchar otras perspectivas.
- Estilos de vida: en mi caso puedo hablar desde la perspectiva de una persona vegana. Si me extendiera en este tema podría escribir un libro, por eso no lo haré jaja.
- Tradiciones culturales: como con el rodeo, el taurismo, las peleas de gallos, consumismo (como un estilo de vida), etc.
- Arte: cuando, por ejemplo, ciertos seguidores de un estilo determinado de música se creen superiores por escuchar tal estilo y sienten que el resto es inferior por escuchar algo que tal vez no es tan sofisticado musicalmente.
Se me vienen muchos ejemplos a la mente, pero creo que con esos es suficiente. Y no digo que sobre estos temas yo tenga la razón o verdad absoluta ¡por supuesto que no! Mi punto, es que creo que abrir nuestra mente a otras posibilidades es positivo, incluso si implica tener que cambiar de parecer, porque generalmente las discusiones en torno a estos temas siempre terminan con insultos o argumentos falaces que desvían completamente el tema central e impiden un debate sano. ¿Por qué mejor no vemos las cosas de una perspectiva más constructiva? En volá ese candidato que tanto odio por ser del oficialismo/oposición tiene un argumento bien fundado. O ¿por qué no aceptar que cierto aspecto de tu tradición o estilo de vida puede no ser tan saludable o positivo como se piensa? ¿En qué estaríamos si aún creyéramos que la Tierra es plana o que el Sol gira en torno a ella? ¿Qué pasaría si siguiéramos pensando que las mujeres somos impuras en los días de nuestro periodo? ¿Por qué 'sabemos' que no existen las brujas ni las hadas pero seguimos creyendo en la virgen y el espíritu santo? ¿En qué estaríamos si nunca cediéramos ante la evidencia o argumentos sólidos? ¿Será que el éxito está tan sobrevalorado que nos frustra aceptar que podemos equivocarnos?
Creo que para crecer como individuos y como sociedad debemos aprender a aceptar que nos podemos equivocar (en cualquier ámbito de la vida), que la información que manejamos como verídica puede cambiar con nuevos antecedentes que antes no conocíamos. Sería sano no apegarnos tanto a las ideas convencionales, siempre recordando que ningún extremo es saludable, pues a veces es difícil no apasionarse con las visiones personales, me incluyo.
¿Será que podremos llegar a ese punto de respeto por la diferencia? No lo sé, pero por mientras trabajaré personalmente para lograr expresarme y vivir con respeto hacia mi entorno, no tengo nada que perder. Como escuché por ahí alguna vez, 'para aprender hay que estar dispuesto a cambiar de opinión'.
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